Hay figuras que no se olvidan
¿Por qué queremos y respetamos a los viejos?
Porque se nos hacen unos personajes tiernos.
Algunos de ellos expresan gran sabiduría al hablar y eso nos atrae.
Otros, demuestran sentimientos nobles y nos alborotan la fantasía cuando los escuchamos hablar de sus aventuras mozas.
No sé si estas sean las causas por las que 10 mil personas fueron el domingo 15 de abril a ver un equipo mexicano de veteranos jugar en contra de su similar de Estados Unidos.
Tuve la oportunidad de estar en el estadio Home Depot Center y me llamó la atención que las gradas del inmueble de Carson mostraron una mucho mejor entrada que la que se dio en el mismo lugar durante la tercera fecha del Preolímpico de la Concacaf.
¿Cómo es posible que la gente prefiera pagar un boleto para ir a ver a jugadores que ya no corren, que arrastran las piernas, que están fuera de forma física en lugar de ver a las jóvenes promesas del balompié azteca?
La respuesta me la dio una señora que junto con otros 14 miembros de su familia fueron a ver el partido de veteranos del combinado mexicano.
“Estos jugadores nos dieron muchas emociones, cómo olvidar lo que hicieron por México”, dijo la aficionada que estaba emocionada porque en la cancha iba a estar Luis el Matador Hernández”.
“Ese golazo que se echó en el Mundial no se me olvida, nada más de acordarme me vuelvo a emocionar”, comentó la aficionada recordando la anotación que logró el mexicano ante Holanda en Mundial de Francia 1998.
Además de Hernández, en el juego disputado en Carson alinearon figuras que en los 1990 crearon la gran rivalidad que ahora existe entre las selecciones de México y Estados Unidos.
Por El Tri estuvieron, entre otros, Luis Alves Zague, Alberto García Aspe, Jorge Campos y Claudio Suárez.
Por el cuadro de las barras y las estrellas jugaron Alexi Lalas, Eric Wynalda y los irreconocibles, por su gordura, Coby Jones y Clinth Mathis.
El ambiente en el estadio era el mismo como si el partido se tratará de un duelo oficial entre los acérrimos enemigos de la Concacaf.
Siendo la gran mayoría aficionados mexicanos, las porras al Tri y los cornetazos de plástico afloraron al por mayor.
El apoyo del público a los viejitos mexicanos fue mucho más grande que el que se le brindó a los jóvenes aztecas que ganaron un boleto para los Juegos Olímpicos de Londres 2012.
Aunque la gante recuerde con gusto y emoción a los seleccionados mexicanos de la década pasada, mi perplejidad ante dicho fenómeno social no disminuye.
La playera verde causa un fervor muy especial entre los aficionados mexicanos que gastan una buena cantidad de dólares para ver a los futbolistas que la portan.
Los viejitos del Tri son imán de taquilla y sus apellidos se quedaron grabados en la memoria de los fanáticos que adoran rememorar tiempos idos al compás del ir y venir de un balón de futbol.
Sin duda, a los viejitos del Tri se les quiere y se les respeta porque verlos en la cancha nos hacen recordar nuestros tiempos mozos.
Muy buen Tema :)
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